Casi comenzamos el mes de agosto y aunque para muchos no esta siendo un verano al uso, climatológicamente hablando, los productos de temporada siguen siendo estupendos, es el caso de los tomates y por lo menos en mi casa entran por kilos, sino es para hacer gazpacho, es para ensalada o lo que vaya surgiendo.

Me gusta indagar sobre el origen de algunos alimentos y ya de paso compartirlo con vosotros, así que os cuento: el tomate llegó a Europa tras el descubrimiento de América y su color era dorado (aunque ahora predominan los rojos), por eso en Italia se le denominó “pomodoro” (manzana dorada), hay otra teoría que no es incompatible con la anterior, y que cuenta que se encontraron en El Dorado, Mexico, creciendo entre el maíz.

En cada país se le dieron nombres diferentes: el nombre de tomate proviene del nahuatl (lengua azteca), llamaban al tomate “tomatl”, que significa “fruta hinchada”. En Francia se le conoció como pouemme d´amour porque se creyó que poseía propiedades afrodisíacas. En Alemania, cuando sólo era una planta ornamental se le denominó tollapfel o manzana loca.

Se le llame como se le llame, el tomate es una fruta, desde el punto de vista botánico, aunque se le conoce más como una hortaliza por sus propiedades nutritivas. En definitiva, estamos en plena temporada, su valor nutricional es altísimo y además esta buenísimo.

Como ya hemos dicho antes, estamos en plena temporada, su calidad y su precio son inmejorables, así que he aprovechado para hacer algo diferente, como son estos tomates confitados, inspirada en el maestro Martín Berasategi. No es un plato en sí, es mas bien un condimento, un toque provenzal, y están realmente buenos. Se pueden emplear tanto para una ensalada, como para bocadillos, pizzas, con verduras, carne, pescado… lo que queráis, probad que no os vais a arrepentir!

Por último comentaros que no os asustéis con los tiempos del horno, tienen que deshidratarse poco a poco y por eso lleva tanto tiempo.

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Tiempo elaboración:

200 minutos
Ingredientes
personas
Elaboración
  1. Lo primero que tenemos que hacer es escaldar los tomates en agua hirviendo, con una incisión en forma de cruz en la base, durante 10 segundos y seguidamente los metemos en agua con hielo. Esta operación se hace para poder pelar los tomates con facilidad sin alterar la textura ni el sabor, o lo que es lo mismo sin que comiencen a cocinarse.
  2. Una vez pelados, retiramos el pedúnculo, los cortamos en cuatro trozos longitudinales (de la parte del pedúnculo a la base), retiramos las semillas y toda la parte gelatinosa. Ponemos todos los trozos en un bol y los aliñamos generosamente con sal y aceite de oliva.
  3. Sobre la bandeja del horno ponemos papel vegetal y vamos colocando los trozos, en una sola capa, con la parte de la “piel” hacia arriba. Espolvoreamos con azúcar y tomillo, repartimos los dientes de ajo y los metemos en el horno a 90º durante 3 horas, una vez pasado el tiempo les damos la vuelta y los dejamos dos horas mas, o lo que vayais viendo, ya que quedan trozos mas pequeños, otros mas grandes, la parte del fondo es la que mas calor desprende y se harán antes... id echando un ojo, pero lo importante es que no cojan color, no hay que pasarse con la temperatura.
  4. Una vez hechos, los dejamos enfriar y para conservarlos basta con meterlos en un tarro cubiertos de aceite de oliva en el frigorífico, duran unos tres meses. Ademas podemos aprovechar los ajos asados para hacer una crema de ajo, solo es sacar la pasta de ajo, hacerla pure y mezclarla con aceite de oliva virgen, está buenísima!
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