Las calabazas son una de las cosas que más me gusta tener en el huerto, hay una gran variedad y se pueden hacer con ellas muchas cosas en la cocina. Además son fáciles de cultivar y son comestibles hasta sus flores.

Calabazas

Las calabazas tienen una necesidad alta de nutrientes, agua y sol; de manera que el sitio que elijamos para plantarlas debe estar abonado con abundante estiércol y recibir mucho sol. Los plantines los podemos comprar o germinar nosotros a partir de semillas. Las semillas de calabaza germinan en pocos días y crecen muy rápido si el compost que usamos es de buena calidad. Lo mejor es plantarlas en tarritos de yogur a un par de centímetros de profundidad y mantenerlas húmedas junto a una ventana mientras vemos como día a día están más grandes. Este proceso lo iniciaremos aproximadamente un mes antes del trasplante.

Cuando el riesgo de heladas haya pasado las trasplantaremos al huerto teniendo en cuenta una cosa importantísima: ¡Las matas de la calabaza crecen muchísmo!. Pueden alcanzar varios metros, por eso es buena idea ponerlas en algún borde del huerto para dejarlas correr hacia afuera y que no nos ocupen superficie de cultivo. Además, entre una planta y otra debemos dejar al menos un metro de distancia. Si las vamos a cultivar en un huerto urbano necesitaremos macetas de 40 o 50 centímetros de profundidad cargadas de compost.

Dependiendo de la variedad y las condiciones una planta puede dar hasta una docena de frutos, pero si queremos que crezcan y maduren bien podemos cortar el desarrollo del tallo cuando tengamos unas 4 o 5 calabazas en proceso de crecimiento. ¿Cómo sé cuándo están las calabazas en su punto? A partir de los tres meses después del cultivo empezaremos a tener las primeras maduras. Cuando alcanzan la madurez, el pedúnculo (la ramita que une al fruto con el resto de la planta) se seca y se agrieta, en ese momento hay que recogerlas y mientras esperan su momento en la cocina podemos dejarlas unos días al sol para que sigan madurando, siempre y cuando no haya heladas.

Las variedades de las que disponemos son muchas, sobre todo si germinamos nosotros las semillas. Yo suelo cultivar:

  • la vasca, que es alargada
  • la violina, que es también alargada pero de color naranja y con un lado más gordo;
  • y el zapallo criollo (el de la foto), que es una calabaza redonda y grande, un poco al estilo de las de Halloween pero en color verde. Esta última es mi favorita porque con ella se hace un plato tradicional de la cocina argentina: la carbonada, del cual hablaré más adelante, cuando tengamos las calabazas.

Calabacines

Con los calabacines tenemos que tener cuidado de no pasarnos, son plantas muy productivas y si ponemos más de dos o tres no sabremos qué hacer con ellos, crecen rapidísimo e ininterrumpidamente. Otra cosa importante es que si dejamos que los frutos crezcan sin control alcanzarán un tamaño enorme, lo cual es perjudicial para la planta y también para la calidad del propio fruto. No hay que dejar que superen los 25 centimetros o se volverán esponjosos, llenos de semillas y sin sabor.

En cuanto al cultivo las exigencias son las mismas que las de las calabazas, abundancia de nutrientes, sol y agua. Podemos comprar plantines o germinar semillas de la misma forma, los cuales plantaremos a un metro de distancia cuando hayan pasado las heladas.

Flores

Tanto las flores del calabacín como las de la calabaza son comestibles y muy apreciadas, dado que es difícil conservarlas porque se marchitan rápidamente son algo de lo que sólo podemos disfrutar si las tenemos en nuestro huerto.

Consejo

Los frutos de ambas plantas se desarrollan en contacto con el suelo, para que permanezcan secas y no se pudran por la humedad es conveniente ir poniéndoles debajo una tablita de madera, un trozo de azulejo, o lo que se nos ocurra para librarlas del contacto con la tierra.

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