Comienza la temporada de la alcachofa y una original forma de comerla es de aperitivo, como si fuesen patatas fritas, así seguro que convence incluso a los detractores de esta hortaliza, que no son pocos. En este caso, nos hemos echado la manta a la cabeza y le hemos añadido jamón y una crema de queso de cabra, pero solas con sal gorda están impresionantes.

La alcachofa es originaria del norte de África y sur de Europa, es decir, mediterranea 100%.

Se dice que la palabra alcachofa deriva de un término árabe que significa “lengüetas de la tierra”, por la curiosa forma de sus hojas. Fueron los árabes, durante la edad media, quienes extendieron su cultivo por Europa, mejoraron las variedades y sus cualidades gastronómicas. Y los  griegos y los romanos se encargaron de propagar su fama como alimento afrodisíaco, lo que favoreció e incrementó su consumo.

Además, son tremendamente buenas para nuestro organismo, ya que además de ser antioxidantes y tener pocas calorías (unas 60, aproximadamente), aportan vitamina C y contienen ácido fólico… Sí, ese que recomiendan a las embarazadas. De hecho, una alcachofa mediana nos proporciona el 27% de dicho ácido que necesita nuestro cuerpo diariamente.

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