Las albóndigas son uno de los platos que puedes preparar para 25 personas diferentes y, a riesgo de que haya algún vegetariano en la mesa, es un acierto seguro. ¿Quién no se rinde ante un buen plato de estas pelotillas?.

Si bien es cierto, hay que tener en cuenta algunos trucos para que queden tiernas. Uno de ellos, el más clásico, es utilizar pan mojado en leche, ya que le aporta al plato textura y ablanda la masa.

Hay que elegir un tipo de carne con algo de grasa. El cerdo, aunque no es obligatorio, para mi sí es muy recomendable. Pasadla solo una vez por la picadora.

Mezclad muy bien todos los ingredientes y finalmente no las sometáis a cocciones eternas. Es decir, doradlas ligeramente en aceite, unos 10 minutos aproximadamente, haciendo chup-chup y listo. Y como todos los guisos, al día siguiente estará mucho mejor…

Esta receta de albóndigas (o almóndigas, para los amigos) que os traemos hoy, procede del otro lado del Atlántico, más concretamente de Brasil. Marcos, mi pareja “de hecho” y padre de mi hijo, hasta hace unos meses trabajaba viajando de un lado al otro del planeta. Y una de las pocas cosas buenas que tenían para mi esos viajes, era que solía traerme revistas de cocina de todos los países que visitaba. Aunque estuviesen en un idioma semi incomprensible para mi, eso era accesorio, lo importante era la esencia de los platos que allí se presentaban.

Uno de los países que visitaba con más frecuencia era Brasil. Aparte de atiborrarme a pan de queso, de vez en cuando caía una revistita. Cuando vi las “Almôndegas com castanhas-do-pará e gorgonzola”, casi me emociono, y al probarlas vi que no era para menos.

La receta original no lleva pan remojado en leche, pero para mi es un elemento imprescindible, por la jugosidad que le aporta, como he mencionado anteriormente. También lleva castañas de Brasil, un fruto seco que yo no he visto nunca por aquí, por lo que lo he sustituido por almendras. Eso sí, os diré que para mi ha sido todo un descubrimiento introducir un fruto seco! Tanto por la textura, como por su  sabor ya que, junto con la ralladura de limón, es todo un puntazo. Así que os recomiendo probarla y, aunque sea, añadirle estos dos ingredientes a vuestras albóndigas de toda la vida. Repetiréis.

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Tiempo elaboración:

30 minutos
Ingredientes
personas
Elaboración
  1. Picar la cebolleta bien fina y pocharla (en una cazuela o sartén amplia en caso de servirlas con la salsa), añadir después el queso, la nata y la leche y dejar reducir hasta conseguir la textura deseada.
  2. Mojar la miga de pan en la leche hasta que se ablande del todo.
  3. En un bol, poner todos los ingredientes de las albóndigas menos la harina y el aceite.
  4. Escurrir el pan de la leche (no demasiado) y añadir también a la mezcla. Envolver bien todo (la mejor forma de hacerlo es con las manos, bien limpias, claro), e ir dando forma a las albóndigas. Enharinarlas, sacudir el exceso de harina y freírlas.
  5. Una vez doradas las albóndigas, tenemos dos opciones, añadirlas a la cazuela con la salsa y dejar que de un hervor o, servir las albóndigas y echarle la salsa por encima.
Trucos y Consejos

Si vamos a añadir las albóndigas a la cazuela, haría una salsa más ligerita que si servimos después la salsa por encima.

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