Eso de “glasear” la carne, además de sonar muy sugerente, es algo que puede dar un toque riquísimo a nuestra receta. Al final, se trata de darle un toque diferente, un estilo de cocción a nuestros platos que no se suele utlizar, pero que queda la mar que aparente.

A nosotros, hace algún tiempo que nos tiene encandilados el tema de darle un punto dulce a la carne pero, sobre todo, cuando hablamos de de recetas relacionadas con el cerdo. Al ser una carne más fibrosa y que tiende a secarse más que la carne roja, esta técnica le va especialmente bien, pues le aporta mucho sabor al hidratarse con estos jugos.

Aquí os dejamos una receta que es muy sencillita de hacer y queda para chuparse los dedos. ¡¡Esperamos que os guste!!

Ingredientes (4 personas)

Para el solomillo:

– 2 solomillos de cerdo (unos 800 gr.)
– 8 chalotas
– 2-3 zanahorias (según tamaño y gusto)
– 1 lata o botellín cerveza negra (440 ml)
– 1 cucharadita de postre rasa canela
– 1 cucharadita de postre rasa de jengibre rallado
– 2-3 cucharadas de azúcar
– sal
– aceite de oliva

Para las patatas:

– patatas nuevas pequeñas
– ajo
– aceite
– perejil

Elaboración

Las chalotas (o cebollas francesas) y la zanahoria que vamos a utilizar harán de guarnición a la carne, pero a nosotros nos gusta acompañar el plato con unas patatas asadas al ajillo. Queda de maravilla.

Para empezar, lavar bien las patatas y, sin pelar, cortarlas en gajos.

Echar en una sartén grande unos dientes de ajo enteros con piel, que le aporta mucho sabor y sofreír un poquito.

Cortar los solomillos en trozos hermosos (de 1 a 2 centímetros), echarles sal y sellarlos en la sartén o cazuela en la que vayamos a preparar todo. Todo ello, lo reservaremos para el final.

Pelar las chalotas y echarlas en el aceite en el que hemos sellado el solomillo. Cuando estén doraditas echamos poco a poco la cerveza y, después, la canela, el jengibre y el azúcar.

Echar la zanahoria (pelada y cortada) y la dejamos un poquito al fuego. A diferencia de otros ingredientes, la zanahoria se hace bastante rápido y nosotros preferimos que se le pueda “hincar un poco el diente” para darle un poco de crunch al plato. En cualquier caso, si se prefiere algo más “blandita”, no hay más que añadirla antes.

A fuego bajo, dejamos que se cocine todo y que vaya reduciendo la salsa.

Cuando estén doradas las patatas, pero un poco crudas por dentro, las escurrimos levemente y las pasamos (con el ajo) a una fuente para terminar de asar en el horno (que ha habremos precalentado). Antes, la salamos y les espolvoreamos con un poco de perejil.

Cuando quede poco para que reduzca la salsa de cerveza (ojo que al enfriar espesa), añadimos el solomillo y terminamos de hacerlo.

Retiramos el solomillo y las patatas y lo emplatamos.

Consejo

Podemos dejar las patatas hechas previamente (o lo justo para darles un punto de calor antes de servirlas. ESto nos ahorrará tiempo y nos hará ganar tiempo. Con meterlas en el último momento otra vez en el horno, será suficiente. Además, así quedan más ricas porque dejamos que la patata absorba los jugos y se impregne bien del sabor de nuestro plato.

También se puede dejar la salsa casi hecha y el solomillo marcado, dándole la última cocción cuando vayamos a consumirlo.

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